En las últimas semanas la crónica política nacional ha arrasado en la sociedad española. Como en los tiempos de la transición, la política ha inundado las conversaciones en el trabajo o en la familia. De la moción de censura, del gobierno, del astronauta… Decididamente, Pedro Sánchez ha triunfado, con una difícil carambola que en 15 días le ha llevado a protagonizar todas las portadas españolas, al tiempo que se hace un hueco en la escena europea e internacional.

Sánchez ha dejado, en su sprint, a un rival absolutamente noqueado; una derrota tan expresiva que le obliga, en solo una semana, a abandonar la Moncloa y la política y el partido que sostenía al gobierno, a convocar de forma urgente un congreso, para elegir nuevo líder.

En su regate, el líder socialista primero se desplazó a la izquierda, recogió el apoyo de Podemos, de ERC y del mismo Bildu. Con esos votos lanzó su órdago al grupo vasco (si no me votáis, aparecéis como quien sostiene el gobierno de Rajoy). En 24-48 horas todo en el PP se hundía, como un castillo de arena cuando le alcanza la ola.

Los quiebros de Sánchez

Se ha cumplido la ley de que todo partido político al alcanzar el gobierno se mueve hacia el centro

Tras ser proclamado presidente, continúa su regate con un quiebro a la derecha; si me votó Bildu, a Grande Marlaska en Interior, pues metió en la cárcel a Otegui; si me apoyé en los independentistas catalanes, llamo a Borrell que se significó de forma especial en la defensa de España en Cataluña; si Podemos puede despertar desconfianza en la Unión Europea, le doy el ministerio de economía a Nadia Calviño, directora general de presupuestos de la Comisión Europea, puro BCE, ortodoxia económica, nada de populismos con las cosas del dinero.

Si con el quiebro a la izquierda derrotó a Rajoy, con el de la derecha ha roto la cintura de Rivera y de Iglesias. Ciudadanos deberá guardar en el baúl su hoja de ruta para alcanzar el gobierno, su progreso en las encuestas y sus expectativas de favorito en las próximas elecciones. Ha empezado un nuevo partido.

En Podemos, tras el lío del chalet y los movimientos en Andalucía, tendrán que recomponerse para la batalla política. Se ha cumplido la ley de que todo partido político al alcanzar el gobierno se mueve hacia el centro.

Nada improvisado

Todo lo que ha ocurrido y en el escaso tiempo que ha sucedido, a mi entender es muy difícil que haya sido improvisado. Es cierto que se han colocado todos los astros en línea, pero el fenómeno político es de tanta singularidad que me obliga a intuir un diseño previo, de varias semanas o meses.

Primero, conocimiento previo de algunos rasgos de la sentencia (1.600 folios); después, tanteo de apoyo de las fuerzas políticas y, por último, los ministros que abandonan su hacienda para involucrarse en un proyecto que está sin definir ni en sus objetivos, ni en su duración. Todo en tan poco tiempo es muy sorprendente. Lo que resulta evidente es que el PP ha estado “sordo y ciego” ante la preparación.

¿Qué ocurrirá a partir de ahora?

No sería descartable una tormenta parlamentaria en la que el PP se vea ante la necesidad de apoyar a sus verdugos socialistas en defensa de la monarquía

El gobierno de Sánchez lo tiene muy difícil. En la mesa del Congreso, la mayoría (y la presidencia) la tiene es PP; en el Senado el partido de Génova cuenta con mayoría absoluta. Sus leales en la Carrera de San Jerónimo son 84. A partir de ahí toca convencer a otros grupos parlamentarios para que apoyen las propuestas socialistas. Conseguirán muy escasas mayorías, aunque intenten la geometría variable (un día con Ciudadanos, otro con Podemos, etc), las posibilidades de éxito sostenido son remotas, las elecciones están muy próximas. El PSOE ha tenido una mejora en la intención de voto importante. Pedro Sánchez ha pasado a estar en el centro de la diana. Rajoy ya es historia.

En conclusión, no habrá reformas importantes. Reformar la Constitución en el título VIII, en la situación política actual es de una dificultad hercúlea. Es posible alguna medida en materia energética como la derogación del impuesto al sol o similar.

Habrá mucha política de gestos. Mucha declaración. A tenor de lo ocurrido hasta ahora, es casi seguro que en el gobierno se cuenta con una serie de temas a sacar al debate público: la eutanasia, el acceso al voto a los 16 años (donde pueden coincidir con Podemos y Ciudadanos), la brecha salarial de género, la igualdad, etc. Mucha comunicación.

Desgaste previsible

Mientras tanto no hay que olvidar que la sentencia de Urdangarín está muy próxima. De los 180 diputados que han aupado a Sánchez al gobierno, 90 son abiertamente republicanos (ERC, Podemos, PdCat, Bildu), contando al grupo parlamentario socialista como totalmente monárquico. No sería descartable una tormenta parlamentaria en la que el PP se vea ante la necesidad de apoyar a sus verdugos socialistas en defensa de la monarquía, bajo la presión mediática del ingreso en prisión de los condenados.

Para finalizar, es muy difícil que el gobierno agote la legislatura; el desgaste será notable y los partidos han entrado “en modo elecciones”. Es muy probable que, tras las elecciones generales, haya el primer gobierno de coalición de la democracia. En mi opinión hay tres posibilidades, Psoe-Ciudadanos, Ciuadadanos-Psoe o Ciudadanos-PP (como más remoto). Ese gobierno de coalición, con buen apoyo parlamentario, deberá encontrar una solución al problema catalán. Hasta entonces toca tregua.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *