En pleno movimiento inestable en Grecia, nuestro analista político ofrece un repaso de situación sin que, de momento, pueda augurarse cuál pueda ser la salida real a la situación creada

La aventura de Syriza en Grecia lleva camino de ser de corta duración y tremendamente dañina para todos. Hace seis meses Alexis Tsipras se dio a conocer al mundo entero, tras haber ganado unas elecciones en las que, con poco más de un tercio de los votos, obtenía una holgada mayoría en el parlamento heleno. Para ello no dudó en prometer a los electores el fin de las medidas de austeridad, el repudio de la deuda, el fin de la supervisión de la troika y una nueva forma de hacer política. Los testimonios de los griegos, entusiasmados ante la nueva época prometida para Grecia, abrieron los telediarios de toda Europa. Se quería enterrar todos los gobiernos anteriores, identificados con la sumisión a los demonios de la troika, culpables de la humillación a la nación griega, cuna de la civilización e inventora de la democracia para Occidente. La UE y el FMI eran causa y origen de todos los males que aquejan a la sociedad y la economía griega.

Tsipras no mencionaba que el origen de los males estaba en la creación de un Estado clientelar, donde primero los socialistas y después los conservadores hicieron creer a los griegos que el Estado tenía una capacidad infinita de repartir dinero a diestro y siniestro, a pesar de una escuálida recaudación fiscal. Todo por mantenerse en el poder.

Cuentas falseadas

La especialidad de Varufakis, la teoría de juegos, sería el momento de ensayarla con fuego real, en las reuniones del Eurogrupo y con toda Europa como espectadores

Con el euro se cegó el camino de las devaluaciones y apareció un banco de inversión, que colaboró en aplicar gruesas capas de maquillaje a las cuentas públicas, para disimular la bancarrota del Estado. Hasta que todo estalló y fue preciso reconocer que las cuentas estaban falseadas una y otra vez. Se acordó el primer rescate, después el segundo, vino la destrucción de una cuarta parte del PIB, sacrificios sociales . . . Y llegó el momento de Syriza. Prometió la vuelta de los burócratas despedidos, la reapertura de la televisión pública… Los ciudadanos se pusieron tras él como encantados por un mago que, dotado de facultades extraordinarias, pondría de manifiesto en las citas de Bruselas con la troika, permitiría abandonar las políticas de racionalización (o recortes) y volver a la situación en la que el Estado repartiría dinero para todos.

Varufakis, su peón de confianza, daba titulares a la prensa europea. Culto, académico heterodoxo, se deja fotografiar con un look diferente, sin el atuendo habitual en el Eurogrupo, circula en moto por Atenas. Media Europa se preguntaba cómo defendería las promesas realizadas a los griegos. Su especialidad, la teoría de juegos, sería el momento de ensayarla con fuego real, en las reuniones del Eurogrupo y con toda Europa como espectadores. El prestidigitador estaba listo para asombrar al mundo.

Continuas advertencias

Se suceden las advertencias: La primera, el frenazo de la recuperación económica iniciada en los meses previos a las elecciones. Comenzó un goteo constante de salida de capitales. Se va aproximando la fecha límite para las negociaciones. Al tiempo, Tsipras hace un inesperado viaje a Moscú, para fotografiarse con Putin, que alimenta todo tipo de especulación y llama la atención, al mundo entero, de la posición geoestratégicas que ocupan sus 1500 islas al fondo del Mediterráneo. Si es menester se pondría en duda la defensa de Occidente.

Tras unos escarceos, en Bruselas, donde se daba un paso adelante y otro para atrás, mientras se acercaba la fecha final, Tsipras se saca de la manga una convocatoria de referéndum exprés. Europa queda sorprendida tras una más que holgada victoria de rechazo de la propuesta comunitaria.

El corralito bancario, mil veces anunciado, es impuesto y obliga a los jubilados a hacer colas para sacar un efectivo, que Europa facilita como solución de emergencia, a un sistema bancario absolutamente quebrado.

El gobierno de Syriza se ve obligado a proponer, una semana después del referéndum, un acuerdo sin quitas de deuda, con exámenes mensuales de cumplimiento, condiciones, privatizaciones, reforma de las jubilaciones y aumento del IVA.

Procesos urgentes

Si el plan no resultara suficiente y no resolviera los problemas estructurales de la economía griega, probablemente se busque una salida lenta (edulcorada) del euro, con financiación europea de la nueva moneda

El acuerdo llega in extremis, tras 22 horas seguidas de negociaciones, minutos antes de que abran los mercados, con duras condiciones para Grecia. Los helenos deberán legislar en 48 horas sobre reforma laboral, pensiones, privatizaciones, agencia fiscal independiente e IVA. Pocas condiciones, pero claras, tajantes sin margen de maniobra para Tsipras. A cambio Europa abre la manguera del dinero a todo trapo, 86.000 millones de euros, suficientes para cubrir las necesidades hasta 2018. Se recapitalizan los bancos con 25.000 millones (terminar el corralito, objetivo inmediato), se harán inversiones productivas por 12.500. Los griegos deben avalar el dinero del rescate con un fondo (exigido por Alemania, Holanda y Finlandia) por valor de 50.000 millones de activos del estado griego para ser privatizados. Este fondo, al final no estará en Luxemburgo (inasumible para Tsipras), quedará en su propio territorio, gestionado por ciudadanos griegos, pero supervisión institucional europea para acelerar el programa de privatizaciones. El acuerdo, finalmente quedará pendiente de ser ratificado por los parlamentos de seis países miembros, que lo tienen así acordado.

El gobierno de Tsipras se enfrenta a una semana muy problemática en su país, con posibles dimisiones ministeriales, manifestaciones y un grupo parlamentario amenazado de fractura. Es muy posible un adelanto de elecciones para este mismo año.

Con todo, si el plan no resultara suficiente y no resolviera los problemas estructurales de la economía griega, probablemente se busque una salida lenta (edulcorada) del euro, con financiación europea de la nueva moneda, que tras devaluarse, permita a los griegos volver a intentar la entrada en el euro o mantener un estatus especial con la unión monetaria. La UE facilitaría la actividad de importación y exportación del país.

La situación final, después de seis meses de aventuras es, en el interior, una población muy dividida tras el referéndum y defraudada,y,  en el Parlamento, la mayoría absoluta que sostiene al gobierno amenaza con romperse. El corralito es más fácil de implantar que de levantar; la reapertura de los bancos ha sido prometida tantas veces como posteriormente abortada. Se estima que hasta después del verano, al menos, los bancos griegos no recuperarán la normalidad, previa recapitalización (con dinero de la UE) financiera y con garantías respecto al movimiento de capitales. El daño del tejido empresarial es enorme. En el exterior, el desprestigio ha sido equivalente. Con los socios europeos la pérdida de confianza es de las que hacen época.

Parece que al final no apareció el dinero ni de rusos, ni de chinos. Todo era sólo un inmenso farol, que se apaga y deja casi oscuras a Grecia. Cualquiera diría que la teoría de juegos de Varufakis no conoce el mus.

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