Los acontecimientos internacionales parecen indicar que el período de globalización vivido, por una gran parte de la humanidad, durante el siglo XXI está en sus estertores para adentrarnos en una fase de desglobalización.

La globalización actual vino facilitada por el colapso del bloque soviético, el desarrollo de internet y la tecnología de computación. Este período ha sido de tal magnitud que la literatura la denomina como de hiperglobalización.

La sociedad occidental ha tenido episodios de globalización vinculados a las diferentes revoluciones industriales, tras cada una de ellas se sucedieron períodos de desglobalización y posteriores de reglobalización

Desde el estallido de la gran recesión en 2008 las tasas de crecimiento del comercio mundial no se han recuperado, la última década se puede considerar como de lenta globalización. Durante este período de recuperación de la economía mundial, en las sociedades occidentales se han producido transformaciones del esquema de partidos y de desestructuración social. Lo que comenzó como la quiebra de un banco de inversión (Lehman Brothers) y las hipotecas subprime, ha supuesto la mayor convulsión económica, política y social desde 1945.

En 2016 se suceden fenómenos relevantes, la matanza de Niza, nominación de Trump, golpe de estado en Turquía y el referéndum del Brexit. De Constantinopla a Seattle la opinión pública vio como muchos dirigentes políticos eran sobrepasados por los acontecimientos, con dificultades crecientes para comprender lo que sucedía. Es el inicio de la desglobalización.

La sociedad se muestra muy tensionada en diferentes latitudes. En Chile, la subida del precio del transporte público ha originado movilizaciones que han supuesto la actuación del ejército y una docena de muertos. Las imágenes del parlamento del Reino Unido son elocuentes de las dificultades de los políticos para instrumentar los deseos de los ciudadanos, tras el referéndum del brexit.

La salida de la crisis económica ha dejado insatisfecha a grandes masas de población.

La globalización ha transferido rentas de las clases medias europeas y americanas hacia Oriente, en particular hacia China. Esos millones de asiáticos que han progresado económicamente, en las dos últimas décadas, han alcanzado un estatus de clase acomodada; en medio están las deslocalizaciones de la industria y la dificultad de resultar competitivos los puestos de trabajo occidentales; los ciudadanos reclaman unas prestaciones sociales que los estados se ven incapaces de satisfacer (o lo hacen a base de la emisión de nueva deuda pública). El caso de los chalecos amarillos en Francia es significativo; el país vecino es el de mayor presupuesto público con respecto al PIB (entorno al 56 %) de la UE, un gasto social tremendo y a su pesar el gobierno recibe una contestación ciudadana numerosa y violenta.

Las expectativas de la cuarta revolución industrial a la que estamos abocados con la combinación de la computación cuántica, la inteligencia artificial y la robótica, significa el inicio de una nueva era en todos los aspectos; con los desafíos de la superpoblación, el cambio climático y las enormes dudas sobre los puestos de trabajo (y sus retribuciones) en un futuro cada vez más próximo, los políticos deben hacer frente a una problemática de una dimensión desconocida hasta ahora. La clase media ve en peligro su estatus y, sobre todo, el que disfrutarán sus hijos.

Este descontento social es el que origina fenómenos como el brexit, el ascenso de Trump o la emergencia de nuevos partidos en Europa de tintes populistas. Es el que aparece en las revueltas de Hong Kong, en Chile o en Bolivia. Es el descontento ciudadano que empuja hacia la desglogalización. Vendrán aranceles entre EE UU, China y la UE, disminuirán las cifras de comercio mundial, la libertad de movimientos de las personas se limitarán, ante el asombro de Occidente con el volumen de las migraciones. El acceso a la información se limitará con barreras económicas en muchos medios informativos. El sueño de la prosperidad a través de la libertad, quedará arrumbado en algún rincón de la reciente historia.

La fase de globalización que hemos vivido ha supuesto una notable disminución de las diferencias de riqueza a nivel mundial. La pobreza extrema se ha reducido, especialmente en Asia, a nivel mundial. Centenares de millones de ciudadanos del mundo han mejorado sus condiciones de vida y su esperanza de vida de forma espectacular; pero la sociedad de los países que empujaron esta fase de mundo global (de libertades de movimiento de personas, de capitales y de conocimiento), quiere buscar su seguridad en situaciones pretéritas (Brexit, Trump) encerrándose sobre sí mismas.

 

8 comentarios en “ADIÓS GLOBALIZACIÓN, HOLA DESGLOBALIZACIÓN”

  1. muy acertada reflexión. La tensión del tercer conflicto mundial va a ser la suma de la tecnología cuántica+genetica+IA y la de las tensiones nacionalistas + internacionalistas.
    UN conflicto multidireccional y muy complejo de gestionar.
    Has dado en la diana Tomas
    Jesus

  2. Tomas te estas haciendo un gran especialista en temas escabrosos. El problema está en aventurar una solución que se muestra muy difícil.
    Sigue en esta línea, que llegues a tener buenas ideas para solucionarlo.

    un abrazo y nos vemos pronto

  3. Para encontrar soluciones es necesario diagnosticar con precisión el problema, su origen y sus consecuencias, despues vendrá el tratamiento y despues las consecuencias de aplicar el tratamiento.
    Me parece un analisis muy lúcido, no querer ver la realidad es tambien parte del problema.
    Enhorabuena Tomas !

  4. «El sueño de la prosperidad a través de la libertad quedará arrumbado….» ¿ No sería más apropiado sustituir «libertad» por » liberalismo económico salvaje » ? ¿ Podría ser que el libre movimiento de capitales sea más decisivo que las medidas comerciales ?
    Sigue alumbrando. Un abrazo

  5. Como siempre. sigo con interés tus comentarios sobre temas de actualidad política y/o económica. Comparto tus reflexjones sobre el tema objeto de tu artículo y, como ciudadano del mundo, considero que nos encontramos en un escabroso camino cuyo recorrido presenta escasas posibilidades de que se encuentre una solución con un final universalmente adecuado .

    Quedo pendiente de tu próximo artículo sobre este apasionante y preocupante asunto.

    Un abrazo.

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