JUAN CARLOS I EL PRAGMÁTICO

Juan Carlos de Borbón se ha distinguido durante su vida pública por disponer de un fino olfato político, según le gusta presumir. En su larga trayectoria, ante situaciones complejas, siempre se dejó guiar por el pragmatismo.

Entendió que había llegado a su fin la estrategia seguida por D. Juan de intentar asfixiar el régimen franquista.

Con 12 años vino a estudiar a España, tras un pacto de Don Juan con Franco. Fue un acuerdo político bajo la mercancía de un niño. Más tarde, en 1969, cuando juró lealtad a Franco y a las leyes fundamentales del régimen, optó por aceptar el nombramiento de sucesor del dictador. Se “olvidó” de los planteamientos mantenidos por su padre desde Estoril. Primera gran muestra de pragmatismo político. Entendió que había llegado a su fin la estrategia seguida por D. Juan de intentar asfixiar el régimen franquista.

España era un reino sin rey, pero ahora tenía un príncipe de España que devaluaba  al eterno aspirante en Portugal.

Juan Carlos era consciente de la imposibilidad de un franquismo sin su creador

En 1975, seis años después del nombramiento como sucesor, falleció Franco. Juan Carlos era consciente de la imposibilidad de un franquismo sin su creador. El régimen estaba agotado, el mundo occidental estaba inmerso en la crisis del petróleo (1973) y la ciudadanía española deseosa de aproximarse al estilo de vida de sus vecinos de continente. Juan Carlos mostró de nuevo su olfato de pragmatismo político. No dudó de colocarse al rebufo de Torcuato Fernández Miranda (estratégicamente situado como presidente de las Cortes) para “desde la ley a la ley”, olvidar sus juramentos y con la inestimable ayuda de Suárez dar paso a la democracia. Segundo triunfo del pragmatismo político.

El 23 de febrero de 1981 Tejero entraba en el Congreso y espantaba a todo el mundo

 

Pasarán seis años nuevamente para una nueva demostración de ese instinto político guiado por el pragmatismo. El 23 de febrero de 1981 Tejero entraba en el Congreso y espantaba a todo el mundo. Europa no podría aceptar un socio en el que la Guardia Civil entraba a tiros en el parlamento. Juan Carlos había demostrado su cansancio del presidente Suárez y no habría hecho ascos a una “nueva solución” para los problemas de España. Pero la imagen de Tejero había dado la vuelta al mundo y no era aceptable.

Armada había sido profesor, amigo, consejero y secretario general de la Casa del Rey. Juan Carlos se olvidó de cualquier atisbo de simpatía con los golpistas, para abrazar de nuevo a Suárez (tras haberlo denostado) y demostrar que el pragmatismo político es el resumen de su ideología política.

Ese pragmatismo de saber elegir cual es el camino más adecuado, sin sentirse vinculado por las relaciones interpersonales, se resume en el dicho de que “el rey no tiene amigos”.

Aunque el apodo que más éxito ha tenido Juan Carlos es el de “campechano”, quiero reivindicar el de “pragmático” dado que el primero es referido a características personales y el segundo tiene más reflejo en  su voluntad política.

Una abdicación que tuvo demasiado parecido a una dimisión política

Tras el escándalo de Botswana no consiguió recuperar ni popularidad ni credibilidad. El caso Urdangarín cada vez más preocupante y la aparición de Podemos en el escenario electoral le empujaron a una abdicación que tuvo demasiado parecido a una dimisión política. Dio comienzo el período de decisiones de pragmatismo inverso.

Hoy octogenario, tras una vida de película, parece encontrarse en una situación un tanto delicada. Un fiscal en Suiza anda tras sus pasos financieros en aquel país, allí no tiene el paraguas del aforamiento ni de la  inviolabilidad, es un ciudadano más. El dinero, aparentemente, procedente de la adjudicación del AVE a la Meca tiene la culpa. Además está implicada su amiga entrañable Corinna, que no parece dispuesta a sacrificarse como aceptó Manuel Prado Colón de Carvajal. El Tribunal Supremo parece que lo va a investigar. La tesis (de los letrados del Congreso) de que la inviolabilidad es permanente, aunque pintoresca dentro de Europa, puede tener soporte jurídico, pero es políticamente inaceptable. No puede Juan Carlos vivir tras el burladero de los letrados de las Cortes, cuando al menos un tercio de los diputados del Congreso buscan su investigación.

Han aparecido diversos artículos en los que se menciona la necesidad de buscar un país en el que fije su residencia el monarca emérito. Hay que evitar la contaminación a Felipe VI, aunque el precio sea el exilio. La Zarzuela no es suficientemente grande. Un rey nacido en Roma, tras el exilio de su abuelo, puede terminar sus días fuera de España después de reinar 39 años.

Es el pragmatismo inverso, Felipe VI intenta mostrar una “Corona limpia de viejos hábitos”. Ha acudido a un notario para renunciar a lo que no tiene (el dinero turbio de su padre). Esta renuncia carece de valor jurídico, tan solo tiene valor político. No le obliga a nada y solo sirve como gesto.

Porque Juan Carlos ha dejado de ser caza mayor. No es la pieza principal, es una pieza a cobrar para ir a por el hijo y arrastrar a la monarquía al baúl de la historia.

En los últimos dos siglos han fallecido en el exilio tres monarcas

Curioso nuestro país. En los últimos dos siglos han fallecido en el exilio tres monarcas de la casa Borbón (Carlos IV, Isabel II y Alfonso XIII). Hemos tenido otros dos casas monárquicas, que también se marcharon (por muy diferentes motivos), José Bonaparte y Amadeo de Saboya. En este período también hemos tenido regencias y 40 años de franquismo (un reino sin rey). A ello hay que añadir dos repúblicas, con el sufrimiento de cinco guerras por medio. Todo en poco más de 200 años.

No resulta fácil explicar a un extranjero, poco ducho en nuestra historia contemporánea, las dificultades que tenemos como pueblo con la forma de la jefatura del estado.

No resulta fácil explicar porque para entenderlo yo mismo, desde mi recién estrenada atalaya de la tercera edad, necesitaría en exclusiva otra vida dedicada a su estudio.

14 comentarios en “JUAN CARLOS I EL PRAGMÁTICO”

  1. Muy bueno Tomas.
    Tus comentarios son muy acertados, te has documentado bien, y cada vez escribes mejor.
    Progresas muy adecuadamente y rápido

  2. Excelente artículo Tomás,ese es y ha sido Juan Carlos I,a pesar de todo,un gran Rey,con muchas más luces que sombras,tenemos que reconocer,que los españoles siendo como somos Buena Gente,somos difíciles de Gobernar,dudo que los respectivos Presidentes de una imaginaria Republica,hubieran sido tan pragmáticos,se hubieran plegado a sus respectivos ideales Politicos,lo que hubiera llevado cada cuatro años a exarcerbar más los ánimos ya «subidos de tono»del pueblo español.
    Afortunadamente,su hijo ha aprendido(de momento) de los errores de su padre,y aunque continuamente están sonando «tambores de guerra» en torno a la Monarquía,lo más nefasto que nos podría ocuriir(ahora),sería un cambio en lo establecido.
    Tomás no tardes tanto en ilustrarnos con tus artículos.
    Un abrazo
    Julio Serrano

  3. Muchas gracias por hacerme partícipe de tu estudio reflexivo, objetivo y fuera de cualquier atisbo de pensamiento único en el que hoy vivimos.
    Cualquier consideración a la figura del Rey sin un contexto histórico carece de sentido.

  4. Un análisis preciso de la figura de Juan Carlos I, y de la situación de la Monarquía en un momento difícil. Te ánimo a que continúes escribiendo del mismo modo.

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