Las Constituciones

Se dice que las constituciones cuentan cómo quiere ser la nación, los códigos penales reflejan como somos en la realidad. En nuestra historia tenemos ocho Cartas Magnas:  la actual de 1978, la de la II República (1931) y las seis de este período.

La primera Constitución fue la de Cádiz en 1812 (la Pepa) que estuvo en vigor entre 1812 y 1814 (no en todo el territorio), 1820-1823 después de que el golpe de Riego obligara a Fernando VII a jurarla y se desarrollara el “trienio liberal” y hasta que España fuera invadida por los 100.000 hijos de San Luis (tropas de Francia, Prusia, Inglaterra y Rusia) para restablecer el absolutismo; a petición de Fernando VII las tropas permanecieron en España hasta 1928 para proteger la estabilidad de la monarquía. Volvió a ser carta magna del 1836 al 37 bajo la regencia de María Cristina.

La Pepa fue un texto revolucionario al proclamar la igualdad de todos ante la ley, consideran a las Cortes depositarias del poder de la nación y en consecuencia como cámaras constituyentes. Ponen fin al absolutismo y junto con otra labor legislativa de aquellas Cortes, dan por finiquitado el antiguo régimen al abolir los señoríos, suprimir las aduanas internas y permitir cercar las fincas.

La que se considera segundo texto constituyente es de 1834 y en realidad es una carta otorgada por la regente (María Cristina de Borbón) para poder defenderse de los carlistas, que se habían levantado en guerra para intentar que no reinara Isabel II. Esta defensa del trono para su hija hace que la regente se haga liberal y apoye al partido moderado, mientras quedan los absolutistas incluidos en los carlistas.

Tras una serie de pronunciamientos, creación de juntas y la sublevación de un grupo de sargentos, obligarán a la regente a jurar la Pepa (1836-37) y a nombrar un gobierno de progresistas que generarán la tercera constitución en 1837. En este período se producirá un empuje definitivo a las desamortizaciones (Mendizábal).

En 1845 los moderados entienden que debe primar el orden sobre la libertad y habrá una nueva carta magna. Durante estos años se crea la Guardia Civil, el Código Penal, se reforma la Hacienda y una Administración más eficaz y centralizadora. Esta constitución estará vigente hasta que estalle la Revolución Gloriosa (se marcha del país Isabel II) y unas nuevas Cortes aprueben la Constitución de 1869.

Se sucederá un Gobierno Provisional, Amadeo I y la I República, hasta que con Alfonso XII Cánovas saque adelante la Constitución de 1876, que ha sido hasta estos días la más longeva y que dio estabilidad al país. Estuvo vigente hasta 1923 con la llegada de Primo de Rivera. Su principal virtud fue su flexibilidad y escasa concreción, que permitió incluso cambiar el tipo de sufragio (censitario o universal) según el partido que gobernara.

Todas las constituciones definen España como una monarquía constitucional (no parlamentaria), también todas (menos la de Cádiz) prevén un parlamento bicameral. La religión católica es un tema transversal en todo el período. Se reconoce el catolicismo como la única religión prohibiendo el resto, hasta las últimas constituciones en las que se autoriza el culto privado de las demás religiones.

La soberanía, aspecto crucial en todo el período, se atribuye a la nación en la de Cádiz, la de 1837 (progresistas) y la de 1869 (la gloriosa). El sufragio también es un tema que va cambiando, en todas será censitario (unas veces directo y otras indirecto) hasta la de 1869 que será por primera vez universal masculino. En la de Cánovas (1876) hubo sufragio censitario en 1878 y universal en 1890.

Asimismo, las libertades de expresión, imprenta y reunión son un caballo de batalla que se hace imprescindible para la convivencia nacional.

Apuntes sociológicos

Durante el reinado de Alfonso XII los partidos políticos, que comienzan como partidos de notables, se transforman en partidos de masas.  Es una consecuencia (o causa) de la complejidad que adquiere la vida política. En la ciencia política se considera que el partido de masas crece y se transforma en partido atrapa votos, en la segunda mitad del siglo XX. En el XIX la vida política giraba alrededor del parlamento, en el Congreso no había nobles (estaban representados en el Senado) eran en su mayoría abogados, necesariamente tenían que ser buenos oradores, hablaban desde el escaño como se aprecia en la estatua a Emilio Castelar en el Paseo de la Castellana.

El voto urbano aumenta sobre el voto rural, allí los caciques tienen mayor control sobre los electores. Como he señalado todas las elecciones estuvieron amañadas, el procedimiento era que el rey decidía el partido que debía formar gobierno. A continuación, se nombraba los gobernadores provinciales y estos a los alcaldes que presidían las mesas electorales, en medio estaban los caciques locales que facilitaban las gestiones ante una administración sin implantación a cambio del voto.

La mayor parte de las tierras (más del 70%) estaban en las llamadas manos muertas. Propiedades de las órdenes religiosas, de los nobles a través de los mayorazgos y las tierras concejiles de los ayuntamientos. Eran propiedades inalienables que no podían ser vendidas y muy mal explotadas. Desde el siglo XVIII se intenta solucionarlo, pero el empujón definitivo lo da Mendizábal (1835) con la desamortización de bienes religiosos y veinte años después Madoz enajenando los bienes concejiles, al mismo tiempo se desvincularon los mayorazgos lo que introdujo gasolina en el motor de la economía española.

El Gobierno Provisional en 1868 crea la peseta como medida unificadora. Acuña la primera moneda de una peseta en plata (5 gramos de 835 milésimas), que mantendrá la cantidad de ese metal hasta 1934 en que se puso en circulación la última; tuvo que ser retirada rápidamente por ser mayor el valor de la plata. También se acuñó la primera moneda de 100 pesetas que tenía un peso de 32,25 gramos de oro de 900 milésimas.

Todas las sociedades tienen líneas de fractura social (clivages), alrededor de las que se orienta el voto; en la actualidad hay dos, la de izquierda / derecha y la del centro / periferia. En 1810 la línea de fractura era absolutismo / liberalismo. Los primeros partidarios de que la soberanía continuase residiendo en exclusiva en el Rey y la inquisición como arma represiva. Los segundos defienden que la soberanía reside en la nación, la abolición de las instituciones sociales, políticas y económicas del Antiguo Régimen y señalan las libertades básicas como derechos fundamentales del hombre.

Entre empujones hacia delante (constituciones de 1812, 1837 y 1869) y frenazos hacia atrás con las de 1834 y 1845, la sociedad fue girando. Los absolutistas quedan lentamente arrinconados en la historia, sin olvidar las guerras carlistas que desde el inicio de la primera (1833) al final de la tercera (1876) transcurrieron 43 años. El movimiento obrero se hace presente, de revueltas sangrientas se pasó a la llegada de las huelgas. El eje clericalismo / anticlericalismo muy relevante en el inicio se debilitará tras las desamortizaciones. Finalmente aparece el deseo de tener mayor cuota de autonomía en Cataluña y en el País Vasco, crean sus signos de identidad con las banderas (la ikurriña) y los himnos (els segadors).

Por último, señalar que en 1900 la población española era analfabeta entre el 50 y el 60 % (de los mayores de 10 años). La tasa era mayor entre las mujeres y al sur y oeste de la península. Como la primera emisión de radio se realiza en 1925 y su extensión no se hace hasta la década de los años 30, toda la difusión de las noticias se producía a través de la prensa. Había centenares de periódicos (en algunos momentos más de 700), pero la población era analfabeta, por lo que en los círculos y ateneos había quien leía la prensa junto a un corro de escuchantes.

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