Las guerras

En resumen, siete reyes, cinco regencias y cuatro presidentes de república en un período en el que España sostuvo guerras con Francia, Inglaterra, Portugal, Marruecos, con toda Sudamérica (excepto Brasil), Centroamérica, Estado Unidos y en las Islas Filipinas y Marianas. España dejó de ser una potencia militar, sobre todo por las graves pérdidas navales, en las diversas guerras sostenidas con la Gran Bretaña, en defensa de los intereses de la Francia napoleónica; guerras a las que España acudía obligada por los tratados firmados por Godoy con Napoleón.
Con Carlos IV España (y gran parte de Europa) vive con miedo al contagio de la Revolución Francesa, será lo que llaman el pánico de Floridablanca, intentan por todos los medios que las noticias, de lo que ocurre al otro lado de los pirineos, no lleguen a los españoles. La familia real tiene fuertes vínculos familiares con los monarcas franceses. Godoy, alzado al poder con sólo 24 años, inicia la guerra de la Convención que termina con la Paz de Basilea y da pie a una serie de tratados defensivos-ofensivos con Francia presididos por el miedo de España.
Los acuerdos giran en torno a los intereses expansionistas de Napoleón. Pretende someter a Gran Bretaña por aislamiento y para ello precisa de la potencia naval española. Fue una ruina para España que, tras perder varias batallas navales, termina en el desastre de Trafalgar. España dejará de ser una potencia naval para siempre.
Gran Bretaña utilizó su supremacía en el mar para aprovecharse del comercio con América, que hasta entonces monopolizaba el imperio español.
La primera guerra con Portugal, empujados por Napoleón, es la Guerra de las Naranjas, de muy corta duración, por lo que ahora Olivenza es español.
La ocupación del territorio por parte de las tropas napoleónicas (supuestamente para repartirse Portugal entre los duques de Parma, Godoy y Napoleón) nos conducirá a la Guerra de la Independencia (1808 a 1814). En España había dos legalidades, la derivada del gobierno oficial y la generada a través de las Juntas, que terminan refugiadas en Cádiz. La guerra tiene tres fases, la primera favorable a los españoles, más tarde viene Napoleón con mucha más tropa y domina toda España (menos la resiliente Cádiz) y la tercera en la que, al desviar el esfuerzo bélico francés hacia Rusia, facilita la victoria española. Pero en toda guerra de ocupación se produce también una contienda civil, en este caso serán los “afrancesados” que terminarán marchándose con el ejército galo.
Ante el vacío de poder originado por el dislate de la ocupación francesa, los países del continente americano inician su particular guerra por la independencia; será un suceso inevitable. Supondrá una guerra desde 1810 a 1825, quince años en los que los diversos territorios se van desvinculando de la metrópoli. Algunos de los militares que lucharon contra los franceses en la península, después lo hicieron contra España a favor de los territorios americanos.
Además de las guerras contra las potencias extranjeras mencionadas los españoles se mataron entre sí en varias guerras civiles, son las Guerras Carlistas. Serán tres veces (1833-1840; 1846-1849; 1872-1876), se producirán en el País Vasco, Navarra, La Rioja y algunas zonas de Cataluña. En total (incluida la Guerra de la Independencia) murieron entre 500 y 600.000 españoles. La primera se produjo durante la regencia de María Cristina, la segunda con Isabel II en el trono y la última será como elemento de presión a Amadeo I. El final de estas contiendas tenía parecido; se admitía a los militares en el bando vencedor y se respetaban los fueros de las provincias vascas y el derecho civil catalán.
El carlismo se basa en los presupuestos del absolutismo. Serán los más recalcitrantes del Antiguo Régimen, los que dan cobertura a los deseos de Carlos María Isidro de impedir que reinase Isabel, al entender que la ley sálica impedía, en España, reinar a una mujer. Este hecho empuja a la regente (María Cristina de Borbón) a ponerse del lado de los liberales conservadores para conservar la corona para su hija. En las filas carlistas sus presupuestos políticos se resumen en el conocido lema, “Dios, Patria y Rey”. Pretenden la preeminencia de la Iglesia Católica, una monarquía absolutista en la que la soberanía radique en el rey directamente de Dios.
Los pronunciamientos militares fueron incontables, unos para obligar a los reyes al ideario liberal, otros a favor del absolutismo. La Guardia Real se amotinaba a favor del absolutismo y la Guardia Nacional por el liberalismo. El ejército estuvo muy presente en la vida política, los generales Riego, Espoz y Mina, Torrijos, Espartero, Serrano, Prim, Narváez, O’Donnell, el almirante Topete, Martínez Campos o Pavía entre otros. Muchos de ellos murieron fusilados o en atentados. El anarquismo protagonizó unos, otros quedaron en la sombra de los intereses esclavistas y negreros.
1898 queda grabado en la historia de España como el año del “desastre”. En 1895 se produce un levantamiento en Cuba, los políticos se colocan todos detrás de Cánovas que hizo célebre la frase “hasta el último soldado y hasta la última peseta”. Los partidarios de dar la independencia a la isla eran minoría (en el parlamento y en la sociedad) de forma que se hizo un desplazamiento de tropas superior a los 200.000 hombres. Mal equipados, con pobre alimentación, en una guerra de guerrillas, a muchos miles de kilómetros de la metrópoli, las tropas españolas fueron presa de las enfermedades propias del trópico. En España mientras tanto la prensa estaba envalentonada y, casi, deseosa de que entrase EE. UU. en la contienda. El desastre fue total y la rendición española prácticamente inmediata. Lo peor, para la moral colectiva, fue cuando las tropas empezaron a volver en un estado lastimoso. Enfermos y harapientos fueron llegando a las costas españolas. 50.000 quedaron allí. La depresión social se hizo presente durante un largo período.
Por último, comentaré el conflicto con Marruecos que pasó a la historia como el desastre de Annual. El norte de marruecos estaba controlado por dos protectorados, el francés más rico y el español. Este último estaba dividido en dos, la parte occidental (cuyo principal núcleo era Ceuta) y la parte oriental con Melilla. La estrategia española intentaba unir ambos núcleos y controlar la bahía de Alhucemas. Al final de la I Guerra Mundial, durante la que hubo una tregua de hecho, España volvió precipitadamente a la batalla en el Rif. Fue una derrota humillante, murieron 8.000 españoles, más de la mitad ejecutados después de rendirse.
Se encargó un informe al general Picasso que no llegaría a ser público por el golpe de Primo de Rivera. Hubo sospechas de que Alfonso XIII tenía responsabilidad en la precipitación del ataque del general Berenguer que provocó la derrota.