Metidos de llenos en campaña electoral, el analista político se adentra en lo que ofrecen los distintos partidos en liza y que, según su criterio, no abordan la auténtica reforma que requiere España. Reforma que, desde su punto de vista, debe abordar el paro, la formación, las pensiones y la normativa electoral.
El final del año político, con el gran duelo del 20 de diciembre, resulta emocionante, pero decepcionante. Emocionante por lo incierto y novedoso del resultado; tres partidos con pretensiones de formar gobierno, dos partidos nuevos que se estrenarán en el hemiciclo y nuevos líderes que se postulan por primera vez como aspirantes a la presidencia del gobierno. Emocionante porque el día 21 puede haber más de una posibilidad de formar gobierno. Pero decepcionante porque, una vez más, en la campaña electoral no escuchamos alternativas reales para cambiar el país.
Por partes. Primero la emoción.
Una vez más, en la campaña electoral no escuchamos alternativas reales para cambiar el país.
A tenor de las encuestas parece claro que, de los cuatro partidos en liza en todos los territorios, sabemos quién quedará en primer lugar (el PP) y quién en cuarto, Podemos. El orden de los otros dos (PSOE y Ciudadanos) puede estar en juego hasta el último minuto. Recuentos de infarto para la noche electoral.
El PP, para poder formar gobierno, necesita no sólo ser el más votado sino obtener una diferencia de escaños que haga muy complicado el gobierno PSOE-Ciudadanos. Cuanto más rebase la cifra de 120 diputados tanta más fuerza tendrá para que Ciudadanos lo apoye. No rebasar los 110 diputados significará para el partido conservador tener que realizar sacrificios inimaginables. Rajoy podría ser sustituido por Soraya. O eso, o la oposición pura y dura.
Ciudadanos y PSOE para formar gobierno necesitan contar con más de 160-165 actas. El presidente sería el líder del partido que más fuerza aportara a la coalición. La posibilidad de Rivera de alcanzar la presidencia pasa por quedar como segundo partido del hemiciclo.
Sánchez, que se ve acosado por los dos partidos emergentes que le dan dentelladas a diestra y siniestra en su electorado, precisa entrar en el gobierno, casi, como sea. En caso contrario, sobre todo si quedara en tercer lugar, se dará de bruces con nuevos intentos dentro de su partido por sustituirle.
Parece descartable, por parte Ciudadanos, un pacto de gobierno que alcanzara a Ciudadanos, PSOE y Podemos.
Programa de izquierda radical
Podemos está haciendo una campaña muy dirigida a su electores. Errejón, director de campaña y auténtico estratega del partido, ha abandonado las ideas de transversalidad y los movimientos hacia el centro político. Se dirigen a su electorado con un programa de izquierda radical, aunque moderado respecto al programa de las elecciones europeas que era, además de irrealizable, incoherente. Las encuestas no le dan mal resultado a las huestes de Iglesias. Pueden duplicar el mejor resultado del PCE de Carrillo (25 escaños), en unión de las “mareas” que se presentan bajo otra marca. Además soportan, electoralmente, que IU le quite votos en su mismo nicho sociológico. En todo caso, parece que no entra en las cábalas “podemitas” participar en ningún gobierno.
Campaña decepcionante
Los españoles podíamos esperar un debate en profundidad de los problemas de fondo de la nación.
Decía, al comienzo, que la campaña también resulta decepcionante. Tras el año político vivido con múltiples elecciones, irrupción de los nuevos partidos, un jefe de Estado reciente, el intento de declaración de independencia catalana, alusiones a posibles reformas constitucionales, el retorno a las portadas de la prensa de los temas políticos, los españoles podíamos esperar un debate en profundidad de los problemas de fondo de la nación.
España debería haberse planteado cambiar su modelo económico en la década de los 90, cuando tras la caída de la economía soviética la centralidad del mundo, sobre todo la europea, se desplazó hacia el este. Aparecieron en el horizonte económico países como Polonia, Checoslovaquia y la RDA con gran potencial de recursos humanos para la industria. Hasta entonces España había sido la zona preferida para disponer de fábricas en Europa y costes laborales bajos. Con la reaparición de los países del este todo cambió.
Los políticos españoles, si vieron lo que se avecinaba, prefirieron esconder la cabeza. Después vendría la burbuja del ladrillo y el gran bofetón. La globalización nos trajo la difícil competencia con los países emergentes. Los países del centro y norte de Europa reforzaron su eficiencia y reformaron su estado del bienestar y la cohesión social. España se benefició de los bajos tipos de interés, de la nueva moneda, y de un panorama macro económico estable, como no lo conocían los más viejos del lugar. La crisis económica puso fin a nuestros excesos y mostró la peor cara de nuestros desequilibrios. Ahora, si no se realizan las reformas necesarias, corremos el grave riesgo de quedar dentro de los países perdedores de la globalización y el cambio tecnológico.
La realidad diaria
Ahora, si no se realizan las reformas necesarias, corremos el grave riesgo de quedar dentro de los países perdedores de la globalización y el cambio tecnológico.
Aunque son muchos los temas citaré sólo tres píldoras, dos económicas y una política. Las económicas son el binomio paro-formación y las pensiones. El político el sistema electoral.
El paro es el gran problema de nuestra economía. Disminuye la fuerza laboral, lastra las cuentas públicas y minimiza las aportaciones a la seguridad social. Íntimamente vinculado al paro está la educación. Tenemos una educación mala. Así lo señalan las pruebas donde nos comparan con otros países. Las pruebas de Pisa colocan a nuestros alumnos de enseñanza media a la cola de los países desarrollados. Las universidades españolas aparecen en los rankings internacionales en los puestos 200 ó 300. La universidad pública no es cara, como se empeñan en repetir algunos, es mala. Hay pocos profesores por cada 100 alumnos y con muy escasa motivación Una buena educación es imprescindible en un país moderno, para reducir, de forma estable, las cifras de paro y aumentar la productividad por hora trabajada. Nuestro sistema de selección de profesorado es exigente (oposición) hasta el momento de empezar a trabajar. Una vez ganada la oposición, el incremento de remuneración vendrá por el paso del tiempo (trienios) fundamentalmente. Una buena educación es la mejor garantía, para que funcione el sistema de permeabilidad social y el consiguiente movimiento social vertical.
El segundo problema económico es afrontar la situación de las pensiones. Si se continúa con el escapismo, estaremos en camino de tener que hacer drásticos recortes en la cuantía de las mismas. El que no lo quiera ver “que se lo haga mirar”. Es imposible mantener el actual sistema de pensiones con nuestra pirámide poblacional y las soluciones que proponen nuestros políticos es como colocar tiritas a un herido de guerra.
Por último, la reforma política que quiero destacar es relativa al sistema electoral, transformando nuestro actual sistema proporcional, más la ley D`Hont, en un sistema mayoritario con circunscripciones uninominales. Cada vecino sabrá quién es el diputado que le representa y a quien él puede votar. Con esta reforma, la disciplina de voto tendría un sentido muy diferente, la confección de las listas se haría durante toda la legislatura, y no para premiar lealtades, en definitiva es la reforma que nos puede hacer pasar página de la partitocracia y del omnímodo poder de los aparatos de los partidos.