Nuestro analista político ofrece una visión de situación en Cataluña que, según apunta, debe concluir, más allá del independentismo, en una reforma constitucional que reordene todo el complejo autonómico.
La política nacional se encuentra encajonada en el laberinto catalán, retorcido durante décadas por una minoría nacionalista que, de forma sistemática, aprovechó la debilidad de los gobiernos minoritarios de UCD, PSOE y PP, que, con una política errática, alimentaron ese laberinto mientras se construía el estado de las autonomías.
El 27 de septiembre se celebran las elecciones catalanas. Para simplificar el sudoku electoral podemos señalar tres bloques: el que promete la independencia, formado por Convergencia en coalición con ERC (Junts pel si) y el eventual apoyo de la CUP (Comunistas por la independencia); en el otro extremo está el bloque constitucionalista, formado por Ciudadanos, PPC y PSC, grupo al que, para rechazar la independencia, se unirían los nacionalistas de Unió democrática; y el tercer bloque está formado por la coalición Catalunya si que es pot, integrada por y ICV y Podemos. Esta coalición continúa sin definirse claramente respecto a la independencia.
Ponderación de las encuestas
La clase política catalana vio en la crisis económica de estos últimos años, su ocasión para explotar ese sentimiento nacionalista frente a España
Aunque la información de las encuestas, quizá en este caso más que en ninguno, hay que ponderarla según el medio que la publica y según el interés que pueda tener en influir en la opinión pública, podemos extraer algunas conclusiones. La población se divide en tres grupos: los que desean seguir como se está, los que están claramente a favor de la independencia y los que preferirían una reforma de la relaciones de Cataluña con el resto de España.
El segundo grupo es el más motivado y movilizado; está más concentrado en Gerona y Lérida. Son los votantes del grupo por la independencia, que está cerca de la mayoría absoluta en el número de escaños, pero lejos en el número de votos, por el efecto de la mayor ponderación que tienen las provincias de Gerona y Lérida, beneficiadas en cuanto al número de parlamentarios, frente a Barcelona y Tarragona, zonas de menor voto nacionalista.
El bloque constitucionalista (PPC, PSC y C´S) es la hipotética alternativa de gobierno; para que deje de ser virtual esta posibilidad, sería preciso que Unió lograra entrar en el parlamento (en duda según los últimos sondeos). Los votos de este partido pueden ser una de las claves, al ser restados directamente de los de Convergencia con la que comparte nicho electoral.
El bloque independentista cuenta con un tercio del cuerpo electoral que, con seguridad, va a votar. Con cifras de participación en torno al 65%, es más que probable la mayoría absoluta independentista. Por el contrario, participaciones superiores al 72% facilitarían una mayor igualdad en los bloques y la ausencia de mayoría absoluta. La cifra de participación será otra de las claves de la jornada electoral.
El tercer bloque electoral, Cataluña sí que es pot, se puede encontrar con un resultado electoral que la designe como árbitro de una compleja composición del Parlament. Las presiones sobre este grupo pueden ser enormes, con riesgo de que la coalición se rompa entre los independentistas y los constitucionalistas.
Análisis histórico
Las causas profundas de por qué hemos llegado a esta situación precisarán que el análisis histórico consensúe una respuesta. Hoy se puede aventurar que en Cataluña existía un grupo cultural, social y económicamente predominante que se considera distinto y opuesto al resto de España, con un sentimiento de superioridad, que no ha tenido la respuesta adecuada, por parte de dos generaciones de políticos de la democracia. Las sucesivas concesiones, en lugar de atraerlos a una nación compartida, han ido alimentando ese sentimiento de superioridad y deseos de independencia. La clase política catalana vio en la crisis económica de estos últimos años, su ocasión para explotar ese sentimiento nacionalista frente a España, aprovechando el desprestigio del Estado, obligado a hacer sucesivos recortes y aplicar políticas de austeridad.
¿Qué ocurrirá tras las elecciones? En mi opinión caben tres escenarios: el primero sería mayoría absoluta de la candidatura Junts pel si, declaración unilateral de independencia, respuesta del Estado con suspensión de la autonomía, etc. Escenario de máxima tensión.
El escenario contrario, sería un triunfo de las fuerzas constitucionalistas y el mantenimiento de la situación actual, con Convergencia y ERC en la oposición.
Estos dos escenarios los considero improbables; el primero porque la razón me impide dar por probable un escenario donde pierden todos; no tendría sentido que el voto de ciudadanos de Gerona y Lérida arrastraran a la independencia a la provincia de Tarragona o Barcelona, donde previsiblemente no tendrán mayoría absoluta la fuerzas independentistas. El segundo escenario lo descarto, porque precisaría de un vuelco electoral importante y de una decisión del grupo Catalunya si que es pot, que hasta ahora no ha manifestado.
Reforma constitucional
Tercer escenario, la salida del laberinto; será preciso una reforma en profundidad del título VIII (“De la organización territorial del Estado”) de la Constitución. La legislatura de 2016-2020 será constituyente, lo que desconocemos hoy es la profundidad. La reforma de los territorios deberá señalar la caducidad de las ventajas fiscales de los territorios forales (probable causa de fondo del laberinto catalán), pues no parece razonable mantener ventajas económicas de un reparto que debe ser consensuado. Hay que reducir drásticamente el número de CC AA; al margen de los tres territorios históricos, habría que fijar unos mínimos respecto al número mínimo de provincias y/o de número de habitantes, con objeto de que el número de los territorios autónomos sea inferior a 10. Delimitar claramente las competencias tanto del estado como de las autonomías. Disolver el Tribunal Constitucional y sus funciones ser desempeñadas por una sala específica del Tribunal Supremo formado por magistrados profesionales nombrados hasta su jubilación, sin posibilidad de prórroga o cese anticipado. Por último, dar por liquidadas todas las deudas históricas, fijar con claridad los servicios y funciones de los territorios y los impuestos con lo que si financiarán, así como la cantidad con que se contribuya a la solidaridad en función de la renta per capita