En octubre de 1982 se produjeron las primeras elecciones de transformación en España. UCD el grupo mayoritario en el Parlamento, las personas que habían navegado en las procelosas aguas de la transición política vieron esfumarse su crédito; mientras unos corrían hacia la AP de Fraga y otros (los menos) eran cobijados en el PSOE, Felipe González y Alfonso Guerra alcanzaban el poder  con una mayoría absoluta, que ni los más optimistas habían previsto.

En 2014 unas aparentes tranquilas elecciones europeas dieron un vuelco espectacular al sistema de partidos. Podemos se hizo presente a nivel nacional. Lo que hasta entonces era un grupo de profesores de ciencias políticas se encaramaron al cuarto partido del país. Cinco escaños en Bruselas fue el premio, tras obtener votos en la práctica totalidad de municipios, aunque en casi ninguno había ni organización ni un solo militante. La imagen de Pablo Iglesias inundó las redacciones de los medios. Sus entrevistas se cotizaban en televisiones y emisoras. El bipartidismo había muerto.

Tanto la victoria del partido socialista, que cerró la transición, como la aparición de Podemos ocurrieron porque unos políticos supieron entender las aspiraciones de los electores. En el 82 la ciudadanía buscaba una mayor homologación con Europa, la solución de la muy prolongada crisis económica y terminar con el rosario de peleas internas de la UCD, que paulatinamente habían ido alejándose de la realidad de la calle. Los socialistas, por el contrario, tenían monitorizada a la opinión pública, eran los tiempos de OTAN no. Tenían el apoyo económico de la socialdemocracia alemán y las simpatías de media Europa.

En 2014 Podemos, con los dineros “sisados” en Venezuela, el conocimiento de la politología junto con  las vivencias y conocimientos acumulados en el 15 M, consiguieron encadenar una serie de mensajes, que hábilmente distribuidos en las televisiones afines (especialmente la sexta) hicieron posible la identificación de más de 1.250.000 españoles, que votaron media docena de eslóganes, en la esperanza de que la crisis económica sería diferente con aquellos nuevos líderes que deberían ajustar cuentas con la “casta”.

INOCENTES ELECCIONES AUTONÓMICAS

El pasado 3 de diciembre unas inocentes elecciones autonómicas han provocado un terremoto tan tremendo, que solo se explica por las expectativas que se abren en los nuevos comicios. La aparición de un nuevo partido parlamentario (Vox), en un espacio político sin representación desde hace mucho tiempo y, sobre todo, con una potencia que ha sorprendido a propios y extraños. Han sido las terceras elecciones de transformación en 40 años. Como curiosidad politológica señalar que estas tres transformaciones se han producido en unas generales (1982), europeas (2014) y en las últimas autonómicas. El resto de elecciones han sido de continuidad.

¿Qué tienen en común estas tres elecciones de transformación? En mi opinión PSOE, Podemos y Vox supieron “auscultar” mejor a la opinión pública; monitorizaron de forma más adecuada los deseos de una parte del electorado. Para mí no hay duda que, en Andalucía, los electores de Vox lo han hecho en clave de política nacional; en particular el comportamiento del PP y del PSOE con respecto al desafío en Cataluña y la política de inmigración, han provocado que una parte del electorado se encontraran huérfanos de opción política y que hayan encontrado en el partido de Santiago Abascal su mejor acomodo. El hecho de que esa problemática (la defensa del Estado) sea trasladable a otros territorios de España, es lo que justifica el shock provocado, entre nuestra clase política, por los resultados en Andalucía. Sin olvidar el hartazgo de los andaluces con los sucesivos escándalos y el tema del impuesto de sucesiones.

Todo indica que el nuevo partido alterará la geometría política y que, a partir de ahora, habrá que contar con cinco partidos en los diferentes niveles políticos.

Para formar gobierno en Andalucía, el grupo que se encuentra en una situación más complicada es el de Ciudadanos. Tiene que facilitar (o participar) en un gobierno del PP con apoyo de Vox, o participar en un gobierno apoyado (o participado) por el PSOE con apoyo de Adelante Andalucía. Lo que haga tendrá que explicarlo en el resto de comunidades.

La otra opción, pretendida por socialistas y podemitas, sería provocar unas nuevas elecciones en las que, una menor abstención, les permita conseguir una mayoría de izquierdas.

4 comentarios en “ANDALUZAS 2018, ELECCIONES DE TRANSFORMACIÓN”

  1. La sorpresa ha sido menor para los que vivimos aquí, ya que veíamos como la corriente de Vox se extendía rápidamente. Sin duda ha sido un voto en clave nacional, pero más allá del independentismo catalán. El mayor desencanto con Rajoy no fue su tibieza en el 155, sino no haber metido la tijera mucho más en la atrofiada hiperestructura autonómica. De no habernos hecho a los españoles más iguales, y habernos dejado al capricho del cacique local. Ahí perdió Rajoy su enorme mayoría y ahí perdió las elecciones.

  2. pienso que la derecha está saliendo del armario, la tendencia de enfraquecimiento y hasta desaparión de la izquierda es en nivel mundial. también está clarisimo que hoy las redes sociales definen una eleccion, pasó en estados unidos y en brasil y con vox en andalucia.

  3. Muy certero tú análisis. Afortunadamente los electores demuestran ser inteligentes y mediante la corrección electoral censuran a los partidos incapaces de ver que van contra corriente o que no cumplen las expectativas. También demuestra, que por mucho independentista, España es una unidad, porque la respuesta electoral a lo que sucede en otros territorios del Estado, se convierte en un castigo a aquellos que se alejan de los intereses del pueblo.

  4. Como siempre Tomás das de pleno. Creo que quizá la última opción sería la más factibles, porque aliarse los tres partidos de la derecha con lo que ello conllevaría para Ciudadanos sería un serio problema a nivel de Europa para justificar su apoyo..
    Esperamos seguir contando con tus magníficos artículos, que siempre dan en la diana.
    Un fuerte abrazo, Juan Antonio Merina.

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