A medida que pasan los días, el panorama político se complica como pone de manifiesto nuestro comentarista político que toca uno por uno todos los puntos que convergen en la situación.

Los errores de apreciación que, inevitablemente, cometo en estos comentarios de coyuntura política me duelen mucho. El 29 de octubre señalé que “las cosas no le estaban saliendo mal al equipo de Pedro Sánchez”. Pido disculpas por haber errado y no expresarme con precisión. Hoy, quiero defender que el problema no es su líder, sino la difícil situación del PSOE, que se encuentra en posición de (casi) jaque mate. La coyuntura de 2016 con el desafío independentista de Cataluña, el juicio de Urdangarín y la composición del Congreso amenazan con colocar también en posición delicada al jefe del Estado.

Nuestro sistema político tiene dos líneas de fractura política, la de izquierda/derecha, presente en todos los parlamentos de las democracias occidentales, y la línea de centro/periferia, o de encaje constitucional de los territorios, o de unidad/independencia. Esta doble línea de separación hace que partidos con un electorado sociológicamente parecido (caso de Convergencia y PNV con el PP), estén en las antípodas el uno del otro en la dicotomía centro periferia. O bien, en el caso catalán, (Junts pel Si y la Cup) sean coincidentes en sus deseos de independencia de Cataluña, pero estén a distancia sideral los intereses de la burguesía catalana, de los anticapitalistas agrupados en la CUP.

Hipótesis de gobierno

La coyuntura de 2016 con el desafío independentista de Cataluña, el juicio de Urdangarín y la composición del Congreso amenazan con colocar también en posición delicada al jefe del Estado.

En el Congreso la aritmética hace que no se prevea una composición fácil de gobierno. Básicamente caben tres coaliciones: el gobierno de centroderecha (Ciudadanos y PP), precisa de la abstención del PSOE; el de izquierdas (PSOE, Podemos, IU, ERC y otros) obliga a gobernar a los socialistas constitucionalistas con partidos independentistas; y, por último, el gobierno de gran coalición y amplia mayoría (PP, PSOE y Ciudadanos) es rechazado por el PSOE, para no dejar tan amplio espacio de oposición a Pablo Iglesias. Curiosa situación la del PSOE: es necesario en las tres combinaciones básicas, pero en ninguna se siente cómodo. Apoye a la coalición que apoye, asumirá grandes riesgos.

El PSOE es el clavo del abanico que da juego a las varillas. El partido socialista está presente en las dos líneas de fractura del Parlamento: Podemos le reprocha no ser de izquierdas y el PP despierta dudas sobre su compromiso con la unidad nacional. Su situación es muy complicada. Desde que Felipe González abandonó el liderazgo del partido, han pasado por la secretaría general, Borrell, Almunia, Zapatero, Rubalcaba y Pedro Sánchez; en el mismo periodo en el PP ha habido solo dos líderes, Aznar y Rajoy.

Situación embarazosa del Rey

Curiosa situación la del PSOE ante la formación de gobierno : es necesario en las tres combinaciones básicas, pero en ninguna se siente cómodo.

Felipe VI parece encontrarse también en una situación embarazosa. Tras su discurso de Navidad, los partidos a la izquierda del PSOE y los nacionalistas le recordaron que no es el más indicado para dar lecciones de democracia, quien representa la alergia a las urnas cuando se trata de su familia. Hay que recordar que más de una cuarta parte del congreso son abiertamente republicanos (Podemos, ERC, UP, DL y Bildu)

Sin la autoridad acrisolada por el paso del tiempo y con el reducido poder que le da la Constitución, Felipe de Borbón tiene el cometido constitucional de proponer un candidato, tras haber escuchado a los grupos políticos, la formación de gobierno. Para hacer este encargo, a través del presidente del Congreso, no tiene plazo. Todo parece indicar que el elegido será Rajoy. Si fracasa en segunda votación, en función del artículo 99 de la Constitución, que como casi todo lo referente a la Corona no se ha querido desarrollar, tendrá que tramitar un nuevo candidato que consiga la aprobación. No están limitados cuántos intentos se pueden hacer, solo le limita el tiempo de dos meses, a contar desde la primera votación de investidura. Con el gobierno en funciones, el interlocutor del rey habrá de ser el presidente del Congreso, que está por decidir.

Cataluña y caso Noos

Al mismo tiempo, el gobierno catalán no dudará en aprovechar la interinidad del ejecutivo de España para redoblar sus intentos de obtener la (imposible) independencia de Cataluña. Con el País Vasco a la espera de sus elecciones en 2016.

El gobierno catalán no dudará en aprovechar la interinidad del ejecutivo de España para redoblar sus intentos de obtener la (imposible) independencia de Cataluña

Con este panorama político hoy comienza el juicio sobre el caso Noos. La infanta Cristina se sentará en el banquillo, imputada por delito fiscal, en un caso de corrupción política, sin que el monarca haya sabido quitarle sus derechos a la jefatura del Estado. Lo que da una idea de la crisis política que vivimos es que el Parlamento español no haya encontrado encaje jurídico oportuno para apartarla de la sucesión. Pretender que la ley de una familia tenga prelación sobre un Parlamento representativo de la soberanía nacional es de muy difícil aceptación en los tiempos actuales. Seis meses durará el juicio, con sus inevitables aperturas de telediarios nacionales y de vez en cuando de alcance internacional.

Complicado futuro, que pasará por las decisiones que adopte Felipe VI sobre la formación del próximo gobierno (acudir a nuevas elecciones generales puede resultar catastrófico), así como de la agilidad y el escrupuloso cumplimiento de la legalidad en todo el proceso.

En resumen, ante un 2016 que se esperaba, en lo político, de debate amplio (con los partidos emergentes colocados en las Cortes), acerca de las reformas políticas sociales y económicas que el país necesita para ser más democrático, trasparente y eficiente, nos encontramos con un año político en el que habrá dos elecciones (al menos), en Galicia y País Vasco, mucha inestabilidad parlamentaria (en las CC AA) y un comienzo, con mucho pacto tras las cortinas, de auténtico infarto político.

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