Con el nuevo año, Tomás Merina se incorpora a nuestro informativo para ofrecernos las perspectivas políticas del acontecer social y, a la vista de lo ocurrido hasta ahora, se muestra escéptico de lo que vaya a ocurrir en el año electoral que vamos a vivir.

El liquidado 2014 se ha llevado la dimisión (abdicación) de un rey, junto a un rosario de escándalos que han afectado a todas las administraciones, a todos los partidos y a las diferentes CC AA; Conocimos desde singulares préstamos de la familia real, a sindicalistas que guardaban los fajos de billetes bajo el colchón. Ingresó en prisión un amplio elenco de la representación social: presidentes de CC AA, alcaldes, concejales, ex consejeros, representantes empresariales y sindicales. La policía registró, mediante orden judicial, sedes de sindicatos y partidos políticos, y se incautó de documentación y ordenadores. Son cientos los cargos políticos imputados en procesos penales. Todo ello rodeado de un hedor de corrupción que ha puesto de manifiesto la larga crisis larvada de legitimidad que atraviesa nuestro sistema político.

Crisis de legitimidad y crisis institucional que se cocinó en la transición y que se fue aderezando, por derechas e izquierdas, en la partitocracia, en la defenestración de todo brote que surgiera de sociedad civil, en unas sentencias del Tribunal Costitucional que han sembrado la confusión y en una ocupación asfixiante de todas las organizaciones sociales, por parte de los partidos hegemónicos en los últimos 40 años.

Régimen obsoleto

El régimen salido de la transición no ha sabido regenerarse y acompañar a la sociedad, se ha quedado obsoleto, esclerotizado, alejado del sentir social. Es un régimen que no ha permitido el desarrollo de una democracia de calidad, de un sistema institucional con transparencia, división real de poderes, espacio para la sociedad civil, democracia interna de los partidos políticos, con cuentas claras de toda la Administración y de partidos y sindicatos.

El régimen salido de la transición no ha sabido regenerarse y acompañar a la sociedad; se ha quedado obsoleto, esclerotizado, alejado del sentir social.

Llegó el 2014, tras una crisis económica sin parangón en la memoria de los españoles, sin la escapatoria de la devaluación, y la ciudadanía se hartó, mostrando un nivel de exigencia creciente con los cargos y los dineros públicos; las instituciones del sistema político se han quedado estupefactas, sorprendidas, sin encontrar una respuesta mínimamente satisfactoria. Tanto la izquierda como la derecha no se mostraron sensibles al abandono de los más desfavorecidos, hecho tanto más doloroso cuando se compara con las milmillonarias ayudas, necesarias, para la estabilidad del sistema financiero.

Por otra parte, la tan cacareada reforma del sector público se fue postergando, la mayoría absoluta que sostiene al gobierno no fue suficiente para reducir el número de Ayuntamientos, cerrar Diputaciones, suprimir el inoperante Senado, la flota de coches oficiales, los aforamientos y otros privilegios de cargos públicos que tanta irritación y desapego de las instituciones provocan. Así, las reformas acometidas, aún marcando el inicio de una tendencia ineludible para la necesaria modernización del país, han sido insuficientes , se han realizado escudándose en oscuros requerimientos de la UE, se han cebado sobre la clase media, creando precedentes de inseguridad jurídica (caso de las preferentes y de las energías renovables) similares a las bancarrotas de los Austrias, mientras se ha pasado de puntillas (como en la reforma del sector público) sobre los grandes negocios basados en el BOE y sectores regulados.

Las reformas acometidas, aún marcando el inicio de una tendencia ineludible para la necesaria modernización del país, han sido insuficientes

Perspectivas económicas

En 2015 las perspectivas económicas son las mejores desde el comienzo de la crisis en 2007 – 2008. Los actuales precios del barril de petróleo, más próximos a los 50 que a los 100 dólares, sólo pueden ser buenos para una economía tan dependiente de la compra exterior de crudo. Los bajísimos tipos de interés del BCE y nuestra ajustada prima de riesgo nos darán asimismo un balón de oxígeno en el coste de los intereses de nuestra abultadísima deuda pública (100 % PIB). Estos factores externos, unidos a la tímida reforma fiscal, que permita dejar más dinero en los bolsillos de los consumidores, junto con la inercia de cifras trimestrales de crecimiento de PIB, permiten augurar un año nuevo con tasa de crecimiento del PIB superior al 2 % y disminución significativa de las cifras de paro.

Con esta perspectiva, Rajoy y Arriola buscan retrasar al límite la cita de las próximas elecciones generales, con objeto de que la mejora de las magnitudes macroeconómicas lleguen al bolsillo de los ciudadanos y se aplaque la generalizada indignación. Es la apuesta cuyo resultado iremos conociendo durante los próximos doce meses.

En todo caso, será difícil que, una vez verbalizada la crisis institucional, voceada por los medios de comunicación y esgrimida como argumento electoral por los nuevos allegados al mapa de partidos, vuelva a quedar latente, semiolvidada, se consientan los escándalos de corrupción, con la procesión de políticos ingresando en prisión, el despilfarro de las administraciones públicas, la falta de democracia de los partidos políticos y la escasísima presencia de la sociedad civil.

Con todo, feliz año 15.

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