La reciente crisis en el Tribunal Supremo, en relación con el impuesto de las hipotecas, pone de manifiesto la envergadura de la capacidad aniquiladora de la crisis de 2008. Lo que comenzó como una crisis financiera al otro lado del Atlántico, cruzó el océano con una rapidez, complejidad y contagiosidad extraordinaria. Aquello que se inició en el ámbito financiero, se trasladó al ámbito de las economías domésticas, después puso en solfa el mapa de partidos y discutió la representatividad democrática. La crisis financiero-económica se transformó en político-social, además España no encuentra referentes claros en la esfera internacional. En toda Europa hay irrupción de nuevos partidos en los parlamentos con programas teñidos de populismo.
El mix de la globalización y la crisis económica nos lleva a la búsqueda de nuevos paradigmas en los ámbitos industrial, económico, político y social. El sector industrial (y de servicios) parece ser el más ágil y con mayor capacidad de liderazgo sobre el resto.
La situación de la U E está envenenada, tiene una fractura norte-sur en relación con los presupuestos de los países mediterráneos (primero Grecia, después Italia, más tarde ¿España?), el eje este-oeste está atravesado por los movimientos migratorios que entran en el continente por Turquía y Grecia, para diseminarse por los diferentes estados miembros. Por último está el Reino Unido y la negociación del brexit. Después de más de una década, Ángela Merkel abandona su papel de líder-ancla en el espacio euro, habrá un cambio generacional en la élite política de Bruselas.
Con este panorama general el TS decidió mostrar sus vergüenzas a la opinión pública de forma indecorosa. Primero genera una expectativa para centenares de miles de familias de obtener de forma rápida el dinero abonado, por impuestos, en la firma de la hipoteca. Cuando media España estaba haciendo cuentas, los magistrados del TS se reúnen y acuerdan cambiar el rojo por el azul. Los españoles que casi habían decidido en que gastar el dinero de la primera sentencia, se encuentran “compuestos y sin novia”. No hay peor gestión de expectativas y de descrédito que la mantenida por el TS, en particular por Díez-Picazo.
La mayoría de los españoles no han recurrido el pago del AJD de la hipoteca. Luego ellos dan por bien gastado ese dinero y no tenían presupuesto de su recuperación. Hasta que llega la sentencia, se abre una situación nueva, en los medios se crean “calculadoras” ad hoc para saber cuánto le corresponde a cada familia de retorno de impuesto. A más, a más al que colocan la obligación de pagar es al banco, cuyo prestigio en la crisis económica ha caído en picado. Cuando se discutía en la prensa hasta cuantos años atrás se podría reclamar, el TS de forma sorprendente y con una torpeza inaudita (al menos en lo político) decide que no hay retroactividad ni actividad, que el impuesto deben seguir pagándolo los ciudadanos. La confianza se gana lentamente y se puede perder en un día.
LA AYUDA DE LOS POLÍTICOS
Pero si el TS no tuviera suficiente capacidad para desprestigiarse, acudió en su ayuda el Presidente del Gobierno y el líder de Podemos. El primero procedió a anunciar un decreto ley para que “… «nunca más los españoles paguen el impuesto de las hipotecas» y lo tengan que pagar los banco, mi colega (como profesor de la UCM) Pablo Iglesias, desde el más puro estilo bolivariano, hizo un llamamiento a las masas para arrancar la justicia hurtada por unos jueces, vendidos a la gran banca. Solo me faltaron los masones. Triste forma de manipular a los ciudadanos y de degradar las instituciones.
Todo ha sucedido en las puertas del juicio a los independentistas. Será un juicio e instancia única. El T Supremo ha instruido y va a juzgar. Los posibles recursos de apelación (si existiera causa) se verán en el Tribunal Constitucional y/o el Tribunal Europeo de Derechos Humanos. Ante el juicio más importante del TS (en otras ocasiones lo que ha visto el tribunal han sido recursos de casación), los dos partidos que apoyan al Gobierno le “disparan con bala”.
La crisis de 2008 va camino de resultar terriblemente destructiva y producir la mayor metamorfosis en la sociedad española desde 1975 con la llegada de la democracia. Esperemos a las nuevas elecciones y conocer con precisión el reparto de la fuerza política del país.