La situación generada tras el fin de la efímera legislatura derivada de las elecciones del 20D, nuestro analista político ofrece un balance de situación y proyecta varias hipótesis sobre el futuro que se avecina, sin atreverse a vaticinar cuál pueda ser el final
Me equivoqué el pasado marzo cuando titule “No habrá (nuevas) elecciones”; pero acerté el 21 de diciembre cuando, en la noche electoral, escribí el comentario “Parlamento fragmentado, legislatura corta”. La realidad es que ha sido legislatura ultracorta, o mejor, legislatura fallida. Debí titular “Legislatura non Legis”.
Durante esta mini legislatura cada líder y partido han seguido diferentes estrategias. Rajoy merecería ser llamado Mariano I, rey de la catatonía, tras haber pasado estos cuatro meses sin hacer el más mínimo movimiento político. Ha elevado la catatonía política a lugares de privilegio en la moderna ciencia politológica. Desde su trono ha esperado que los días pasen, que los plazos se agoten, con el mínimo movimiento ha conseguido el mayor rédito. Todas las encuestas le dan mejor (por poco) resultado que el de las pasadas elecciones.
La hiperquinesia de Rivera
Mariano Rajoy ha elevado la catatonía política a lugares de privilegio en la moderna ciencia politológica
En el polo puesto ha estado Ciudadanos, con su líder Rivera como ejemplo de la hiperquinesia. No ha parado de moverse, a su izquierda, a su derecha, otra vez a la izquierda. Firma con Sánchez y hace guiños a los jóvenes del PP. Se desmarca de Podemos, al tiempo que defiende la unidad de España y, al final, se ofrece, como sacrificio supremo purificador, a renunciar personalmente, si también lo hacen Rajoy y Sánchez. Su hiperactividad no es seguro que le reporte mayores beneficios que la calma de Rajoy. Rivera intentará coger votos a su izquierda y a su derecha, de una clase media golpeada por la crisis y hastiada del PP.
Pablo Iglesias ha sido el maníaco. Debuta con el monarca y, al salir, se presenta como vicepresidente con sus ministros; más tarde apabulla al PSOE con un dossier, en el que detalla más funciones al vicepresidente que al futuro presidente Sánchez. Un día el beso a Xavier Doménech, otro el niño de Bescansa, sin dudar en liquidar a su secretario de organización y dar un serio aviso a Errejón. Al PSOE, palo y zanahoria, un día sí y otro también. No ha tenido semana sin ocurrencia. Manía política en estado puro.
A Sánchez le han dejado encargado de la tramoya y decorados. Se ha hecho fotografías de todas las maneras: de pie y sentado, en el interior y en el exterior, firmando documentos y paseando por la calle, con los de su derecha y con lo de su izquierda. No ha parado de subir y bajar telones, pero sin llegar, sin alcanzar, allí donde la aritmética puso el listón.
Mucho teatro y poca sustancia
Han pasado más de cuatro meses y todo ha quedado en atrezzo de cartón piedra, en aperturas del telediario, en grandes comparecencias, en definitiva mucho teatro y poca sustancia.
Las numerosas encuestas realizadas en estos cuatro meses indican poco trasvase entre los bloques. PP y Ciudadanos en un lado, PSOE y Podemos- IU por el otro. El trasvase de votos entre los bloques será escaso, sólo el que se dé entre Ciudadanos y PSOE; se puede aventurar que no más de 300 ó 400.000 votos se pueden mover por ese canal. Los movimientos de votos que haya, se darán entre PP y Ciudadanos y entre PSOE y la coalición de Podemos.
Otra cosa será la abstención. Tradicionalmente, en la España actual, el voto conservador es más cumplidor y el voto de izquierdas es más volátil, más propenso a castigar con la abstención. Para la movilización, los partidos preparan una campaña breve pero intensa.
El votante del PP se muestra de alta fidelidad. Una señora definió la situación en televisión: ” Yo voto a los corruptos, porque de los otros no me fío”. El partido tiene un suelo muy resistente, pero necesitará añadir votos para superar su resultado (en escaños) y reiterar el mantra de que debe gobernar la lista más votada.
Ciudadanos, el partido en el que habrá menos cambios en las listas, su liderazgo es sólido y no se discute. Dos de cada tres de sus votos provienen del PP y Rivera, para centrarse, precisa hablar con el PSOE. Su política de pactos se revela como su mayor problema. Deberá aclarar, durante la campaña, sus posibles alianzas tras las elecciones; la indefinición en este apartado le supuso tener un resultado peor, que el previsto en las encuestas.
Movimientos a izquierda y derecha
No he conseguido averiguar con certeza qué ocurrirá si tras los comicios del 26J no se logra formar gobierno
En la izquierda hay más revuelo, la campaña en este bloque será más encarnizada, de mayor intensidad, volarán cuchillos. En el PSOE hay muchos nervios. Figuras que renuncian a volver a presentarse y barones que no pierden la ocasión para señalar la estrategia correcta. A Sánchez no le dan tregua. Una parte del electorado le intuye más preocupado de su silla que de los problemas nacionales. Sus movimientos políticos le dan vida, pero de corta duración. Se defiende de las dentelladas a su izquierda y escapa del fuego amigo. Habrá cambios en sus listas electorales.
Así como Ciudadanos no inquietará el trono del centro derecha, ocupado por Rajoy, en el otro lado, el partido emergente, Podemos intenta desplazar al PSOE y colocar como emperador a Pablo Iglesias. Para ello no ha dudado en demostrar su autoridad, al relegar a Errejón y sus acólitos. Donde Podemos se la juega es en su pacto con IU.
El voto comunista siempre tenido un techo en España, desde 1977, en torno a los 25 diputados. Para intentar elevarlo guardaron, con alcanfor en el baúl, la hoz, el martillo, las banderas y las siglas del PCE. Pero sin éxito. Izquierda Unida ha mantenido su techo.
Podemos, con su transversalidad, ha huido de símbolos que le asocien al extremismo, en el hemiciclo ha conseguido sentarse en el centro izquierda, cada detalle estudiado para mostrarse como una nueva política, capaz de capturar votos en una franja grande del electorado. Desde el día siguiente a las elecciones del 20 D, entendieron que fue un error no coaligarse con IU. Podemos quedó a 300.000 votos del PSOE. IU consiguió 900.000, si juntos hubieran añadido (a los votos de Podemos) sólo la mitad de los de IU, habría adelantado al PSOE y acentuado sus diatribas internas.
Ahora, en esta segunda oportunidad, lo van a intentar. Podemos, junto a sus mareas e IU intentarán el asalto a los cuarteles socialistas. La duda que se plantea es si esta coalición no le hará perder su transversalidad (a Podemos) y, por tanto, voto. Dicho de otra forma, Podemos puede perder votos por la izquierda (electores que siempre quieren estar en posiciones más radicales) y por la derecha (ciudadanos hartos de la corrupción y del bipartidismo, pero que no se identifican con ideas comunistas). No será sorpresa que Podemos organice actos singulares para celebrar el 15 de mayo en la Puerta del Sol. Estaremos en precampaña y será una forma de recuperar transversalidad en el voto.
Variables a seguir
En definitiva, son las dos variables a seguir en las elecciones. Primera, qué bloque (derecha o izquierda) tiene más apoyo, para ello será decisivo el comportamiento de los abstencionistas; segunda variable, qué fuerza liderará la izquierda. Si Podemos consigue mantener la transversalidad (que le permita no perder voto por la derecha que irían al PSOE o a la abstención) puede dar la sorpresa y ser la segunda fuerza parlamentaria, desplazando al PSOE, por primera vez desde 1977, al tercer lugar en número de diputados.
¿Qué ocurrirá si, tras los nuevos comicios del 26J, vuelven a no formar gobierno? Estamos en territorio ignoto. No he conseguido averiguarlo con certeza; para unos la nueva legislatura deberá ser, al menos, de un año de duración, en virtud del artículo 115.3 de la Constitución; para otros estaríamos, de nuevo, en el artículo 99 y por tanto podrían repetirse las elecciones en cinco o seis meses