En su análisis sobre la situación política, nuestro colaborador se pronuncia en contra de unas elecciones anticipadas y pronostica un gobierno de coalición sin Rajoy (PP) y sin Sánchez (PSOE).

Aunque nadie sabe lo que va ocurrir, mi opinión es que no habrá nuevas elecciones. Si, en su torpeza, los políticos fueran tan temerarios de abocarnos a unos nuevos comicios, es probable que la ciudadanía los castigara. No serán capaces de poner en pie, de nuevo, el circo de una campaña electoral. Los estudios demoscópicos que se publican están contaminados por la alta volatilidad de los electores. Las encuestas de intención de voto están previstas para momentos de opinión pública estable. Lanzarse a una estrategia de buscar nuevas elecciones a finales de junio, en base a unas encuestas de marzo, es jugar a una ruleta rusa de resultados aleatorios, en una ciudadanía que vivirá, en este periodo, el desarrollo del juicio de Urdangarín, las tarjetas black y el permanente tiovivo de casos de corrupción a diestra y siniestra, por el norte y por el sur, machacarán a la opinión pública y provocarán una crispación ciudadana que puede explotar durante esa nueva campaña y obligar a algún político a protegerse en actos electorales. Con este desgaste, no es previsible que asuman el riesgo de nuevas elecciones.

Panorama más probable

Las encuestas de intención de voto están previstas para momentos de opinión pública estable.

Al final habrá humo blanco sobre la cubierta del palacio de la Carrera de San Jerónimo. Muy posiblemente el acuerdo llegará en los últimos días, en las últimas horas o de madrugada. Así se podrá formar gobierno en el mes de mayo. Descartadas las nuevas elecciones, veamos cuál es el gobierno más probable.

El PP es necesario en el nuevo gobierno. Sin su activa colaboración no son posibles las reformas prometidas: nueva ley electoral, supresión o reforma en profundidad del Senado, reformas constitucionales, etc. Su mayor activo son sus escaños en el Congreso y el Senado; su mayor rémora es su líder.

Rajoy tiene un futuro político muy incierto. Para encabezar o formar parte de un gobierno tiene el rechazo de todas las fuerzas políticas. Para quedarse en la oposición, no es su momento político. Todos los que han sido presidentes, al dejar de serlo, abandonaron el parlamento. Así ocurrió con Calvo Sotelo, González, Aznar y Zapatero. Sólo Suárez continuó su actividad parlamentaria, con unos pírricos resultados electorales y en la más absoluta irrelevancia política. Rajoy en la oposición no tiene hueco ni sentido. Nunca una flor tuvo dos primaveras. Por otra parte, si hubiera nuevas elecciones no tendría lógica que encabezara la lista del PP. Tras la votación volvería estar en la casilla de salida. Ningún partido quiere formar gobierno con él y no tendría hueco en la hipotética oposición. En definitiva, Rajoy está convertido en un “zombie” político; está muerto, pero aparenta vida política. Mantener esa situación perjudica al partido y a él mismo. El partido, agujereado como un queso de gruyère por los casos de corrupción, precisa de una refundación con líderes nuevos.

La actuación de Pedro Sánchez

La actividad desarrollada por Pedro Sánchez en su propuesta para formar gobierno le ha proporcionado visibilidad como líder fiable

Pedro Sánchez, como ya he defendido desde esta tribuna en dos ocasiones, está jugando sus cartas de manera muy aceptable. Todo el teatro desarrollado en el último mes le ha fortalecido dentro de su partido; ha aparcado a los barones en sus territorios, alejándoles de la posibilidad de sustituirlo al frente del PSOE, en caso de repetición de las elecciones. La actividad desarrollada en su propuesta para formar gobierno, ha estado ligeramente sobreactuada, pero le ha proporcionado visibilidad como líder fiable, capaz de ceder para alcanzar acuerdos; le ha “centrado” ante la ciudadanía, al tiempo que se ha alejado de la verbena parlamentaria de sus compañeros de bancada de Podemos. Sánchez tiene dos hándicaps, el primero es su limitada fuerza parlamentaria, y el segundo, la alargada sombra de los casos de corrupción que pudieran salpicarle. En mi opinión no será jefe de gobierno, aunque el PSOE debe participar en el gobierno.

Ciudadanos y Podemos

Ciudadanos es la necesaria dovela del arco de gobierno que tienen que acabar formando PSOE y PP.

Ciudadanos se muestra como la fuerza emergente capaz de abrochar, por aproximación, las posiciones políticas de un PP sin Rajoy y de un PSOE socialdemócrata, que respeten los acuerdos con la UE y que proporciona tranquilidad a los mercados internacionales, agencias de rating, inversores etc. y que tenga el apoyo parlamentario y ciudadano para reformar, desde un amplio consenso, la ley electoral y la Constitución.

Las dos fuerzas emergentes, Ciudadanos y Podemos, han generado una nueva línea de fractura en el parlamento español. Es la línea de la edad. Los partidos emergentes se nutren de votantes menores de 40 años y la práctica totalidad de los nuevos electores, de 18 a 22 años, que acudieron a las urnas el 20 D. A este grupo de votantes Ciudadanos ha enviado un mensaje con nuevas formas, con ideas claras en cuanto al modelo económico y a la configuración de España. Su comportamiento le ha granjeado apoyos en todos los territorios (menos en Navarra y el País Vasco) y, a tenor de las encuestas, puede incrementar sus votos robando tanto de Podemos, como del PP y del PSOE. Ciudadanos es la necesaria dovela del arco de gobierno que tienen que acabar formando PSOE y PP.

Actuación de Podemos

Podemos apostó desde el día siguiente de las elecciones por intentar repetir las mismas. Para ello no ha dudado en lanzar ataques de todo tipo al PSOE. Su vocación es alcanzar la hegemonía de la izquierda. Ha actuado con exceso de soberbia y teatralización. Se equivocó al no alcanzar un pacto preelectoral con IU, esta fuerza le restó muchos votos y, aunque sólo sacara dos diputados, permitió que el PSOE adelantara en 20 escaños a las huestes de Iglesias. Tras estas 10 semanas de vida parlamentaria, las tensiones en la formación morada se han hecho presentes, de manera transversal (distintas sensibilidades entre sus líderes) y de forma vertical, en los diferentes territorios.

Se ha excedido en la sobreactuación, con mensajes de amor y odio a sus compañeros de izquierda para intentar ridiculizar a Sánchez, tanto que llegan a confundir a su propio electorado. Siguen apostando por un adelanto electoral, aunque pueden ser los grandes beneficiados de un gobierno de gran coalición PP, Ciudadanos y PSOE, al quedar prácticamente solos en la oposición. Su papel, en ese caso, sería ganarse la confianza del electorado, alejar la sombra del corralito griego y del caos venezolano, para poder ser una alternativa real de gobierno, que hoy no lo son.

Para finalizar, si se produce el gobierno de gran coalición, que yo aventuro, con un presidente ni del PP ni del PSOE o bien un político “prejubilado”, será una legislatura corta y con objetivos concretos.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *